Nunca hubo tantas fotos… y tan poco que decir

Por George Hamilton Pérez


Sin vergüenza al ridículo, lo digo desde mi pequeña óptica: estamos viviendo un boom de la fotografía. Nunca fue tan accesible. Nunca hubo tantas imágenes. Pero hay algo que se está perdiendo en el camino: el mensaje.

La tecnología —y en particular los teléfonos celulares— democratizó la herramienta. Eso es innegable. Pero al mismo tiempo, instaló una lógica donde la fotografía parece reducirse a una cuestión técnica. Parámetros, presets, equipos, cursos… un desfile constante alrededor del “cómo”.

Y en ese proceso, lentamente, se fue apagando el “para qué”.

Hoy vemos más enseñanza del triángulo de exposición que estímulo a la curiosidad de mirar. Más preocupación por la nitidez que por la emoción. Más obsesión por el resultado que por la experiencia.

Ahí es donde, creo, empieza a debilitarse el arte.

Los grandes referentes de la fotografía —como los fundadores de Magnum Photos— trabajaban con herramientas infinitamente más limitadas que las actuales. Sin embargo, lograron construir imágenes que siguen diciendo algo décadas después. No por la técnica, sino por la mirada.

Y si miramos hacia Argentina, también encontramos una tradición rica, aunque muchas veces olvidada. Fotógrafos como Rubén Digilio o Gustavo Pomar sostienen una línea donde la fotografía no es solo registro: es relato, emoción, presencia. A eso se suma el trabajo pedagógico de Belén Echegaray, que pone el foco en la formación desde el sentido y no solo desde la técnica.


Entonces la pregunta es inevitable:
¿qué estamos haciendo hoy con todas las herramientas que tenemos?

Porque nunca fue tan fácil hacer fotos. Pero tampoco fue tan fácil perderse en ellas.

Creo que la fotografía está en un punto de inflexión. Necesita volver a sus bases. Volver a ser una forma de expresión antes que una demostración técnica.

En un mundo atravesado por el ruido, la velocidad y el caos, la imagen tiene un valor enorme. No por su perfección, sino por su capacidad de decir algo verdadero.

Tal vez la masificación no sea el problema.
Tal vez sea, justamente, la oportunidad.

La oportunidad de volver a mirar.

Comentarios

Entradas populares