BAÑO VERDE. Un viaje a la esencia de la naturaleza
En un mundo donde la inmediatez y la sobrecarga de información nos desconectan de lo esencial, el fotógrafo contemplativo George Hamilton Pérez nos invita a redescubrir la magia de la simplicidad. En esta entrevista, comparte su visión sobre la conexión con la naturaleza y el poder transformador de la Fotografía Contemplativa.
—George, ¿Cómo defines la fotografía contemplativa y qué impacto tiene en la vida de las personas?
—La fotografía contemplativa es más que una técnica; es una manera de ver y estar en el mundo. Se trata de observar sin expectativas, dejar que la naturaleza nos hable y nos sorprenda. A través de esta práctica, las personas pueden redescubrir la belleza en la vida cotidiana, desarrollar una mirada más atenta y, sobre todo, conectar con su propia esencia.
—Mencionas la conexión con la naturaleza como pilar fundamental. ¿Cómo influye esto en nuestra salud física y mental?
—Cuando nos sumergimos en la naturaleza con una mirada contemplativa, algo dentro de nosotros cambia. No es sólo un placer visual; es un proceso de curación. Está comprobado que el contacto con la naturaleza reduce el estrés, mejora la memoria y la creatividad y fortalece el sistema inmunológico. Además, ayuda a reducir los trastornos psicosomáticos y potencia nuestra capacidad artística. La naturaleza es un espejo en el que podemos vernos reflejados y comprendernos mejor.
—¿Puedes compartir alguna experiencia en la que la fotografía contemplativa haya generado un cambio profundo en una persona?
—Sí, recuerdo el caso de una alumna que llegó a uno de mis talleres en un momento de crisis personal. A través de la práctica, comenzó a encontrar calma en los detalles: en la luz que se filtraba a través de las hojas, en la danza de un insecto sobre una flor. Con el tiempo, me dijo que esa manera de ver las cosas la ayudó a reconectarse consigo misma, a recuperar la confianza y a disfrutar de las cosas sencillas. La fotografía se convirtió en su terapia.
—Hablaste de la importancia de ver con “ojos de niño”. ¿Cómo podemos recuperar esa capacidad de asombro?
—Vivimos en piloto automático, atrapados en la rutina y en las pantallas. Para recuperar la capacidad de asombro, debemos aprender a parar. Camina en silencio, escucha el sonido del agua, abraza un árbol, sentir la lluvia en la piel. Cuando nos permitimos esos momentos, la magia regresa a nosotros: un colibrí se posa en nuestro hombro, un insecto palo parece susurrarnos un secreto. Es en esos momentos cuando la vida nos regala milagros.
—Para quienes quieran iniciarse en la fotografía contemplativa, ¿Qué consejos les darías?
—No necesitas un equipo sofisticado, ni siquiera una cámara. Sólo hay que empezar a mirar con atención y presencia. Sal al mundo con una actitud abierta, sin expectativas. Acepta lo que aparece ante nuestros ojos y captúralo desde el corazón. La Fotografía Contemplativa no se trata de tomar grandes fotografías, sino de hacer de cada fotografía una experiencia significativa.
—Por último, ¿Cómo definirías en una frase la esencia de esta práctica?
—Es el arte de ver más allá de la imagen, de conectar con lo sagrado en lo cotidiano y de permitir que la naturaleza nos revele sus secretos. Quien aprende a mirar con el alma descubre un mundo infinito de belleza.
La Fotografía Contemplativa de George Hamilton Pérez no sólo nos muestra imágenes, sino que nos enseña a mirar de una manera más profunda. En una sociedad que nos empuja al ruido y la distracción, su mensaje es claro: la verdadera cura para todos los males está dentro de nosotros, y la naturaleza tiene el poder de recordárnoslo.





Comentarios
Publicar un comentario