EL PODER DEL AMOR. Cambio, transformación y sentido

Una conversación con George Hamilton Pérez, periodista y fotógrafo contemplativo.


“Todo en la vida está atravesado por una tensión aparente entre opuestos: luz y sombra, alegría y tristeza, día y noche. Pero lo que realmente sostiene esa dualidad es una fuerza más profunda, una que une y da sentido. Lo mismo ocurre con el cambio y la transformación: son distintas, pero están profundamente conectadas”.

Así comienza George Hamilton Pérez, periodista y fotógrafo contemplativo, su reflexión sobre uno de los temas que más lo interpelan: la manera en que las personas enfrentamos los movimientos de la vida.


“El cambio, en general, nos viene de afuera —explica—. A veces llega como una invitación, otras como una imposición. Nos lo dice un médico, una pareja, una crisis. Aparece como una fuerza externa que nos empuja, que desequilibra lo conocido. En la pandemia, por ejemplo, todos fuimos obligados a cambiar algo. El cambio tiene ese carácter: es necesario, pero también genera resistencia”.

George Hamilton insiste en que todo cambio suele sentirse como una pérdida. “Perdemos el control, perdemos certezas, incluso perdemos partes de nuestra identidad. Por eso muchas veces lo vivimos con dolor, con sensación de injusticia. Cuesta tanto porque no entendemos todavía para qué”.

Pero entonces introduce el concepto que para él marca la diferencia: “La transformación es otra cosa. También es un cambio, sí, pero uno al que le encontramos sentido. Es cuando el cambio se alinea con una búsqueda interna, cuando ya no es algo que te pasa, sino algo que elegís. Y eso genera placer, impulso, inspiración. Deja de ser amenaza y se convierte en aventura”.


Desde su mirada contemplativa, George sostiene que transformar es darle un valor espiritual a lo que antes solo dolía. “La transformación no niega el duelo, ni el esfuerzo que implica. Pero cuando aparece el sentido, esa incomodidad se redime. Te cambia el guion de vida. Y lo que moviliza esa transformación, en el fondo, es el amor”.

Y concluye: “El amor es la voluntad de comprender al otro en su singularidad, es cuidar, es actuar para que quien amo esté mejor. Ese amor, que también es hacia uno mismo, es el gran catalizador del sentido. Cuando dejamos de resistirnos al cambio y empezamos a confiar, surgen las sincronicidades, las señales. Entonces, la vida no solo vale la pena: se vuelve inspiración para otros. Y ahí comienza la verdadera libertad.”

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