La pasión es la madera
Cuando encontrás tu pasión, el trabajo se transforma. Lo hacés con amor, y hasta los lunes se sienten como una fiesta.
Por George Hamilton Pérez
Hace un tiempo atrás hice un taller de carpintería. La madera siempre me habló. En su aroma, en su textura, en la forma en que se deja trabajar, encontré algo más que un oficio: encontré un lenguaje.
En ese corto taller, ahí descubrí que la verdadera fuerza
nace de imponer confianza: en uno mismo y en los demás. Ser honesto, sostener
valores, mirar a los ojos y transmitir que se puede contar con vos.
La pasión se inculca jugando. Es en esos
momentos simples, con las manos ocupadas y la mente curiosa, donde nace el
deseo de crear. No se trata de dar discursos, sino de invitar a participar, de
mostrar que el hacer es tan importante como el pensar.
En mi camino entendí que no hay que desgastar a las personas corrigiendo, sino acompañarlas. Que resolver un reto o un desafío es más que encontrar la respuesta: es una oportunidad para crecer, para ser creativos, para aprender divirtiéndose.
Un hacedor no se queda esperando que las cosas
pasen. Sale, pregunta, conoce gente, recorre la calle. Sabe que cada
encuentro, cada desafío, es una chispa que enciende nuevas ideas.
La pasión es así: te levanta, te impulsa, te invita a
construir. Y cuando la madera se convierte en tu lenguaje, cada
tabla, cada corte y cada unión se transforma en una historia que habla de vos…
y de la confianza que pusiste en cada paso.



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