CONTEMPLAR. El superpoder de la pausa
En un mundo que corre cada vez más rápido, detenerse se vuelve un acto revolucionario. Hoy pensaba en lo importante que sería aprender a hacer las cosas lento, a vivir más relajados, a desconectarnos del caos que nos rodea día a día.
Muchas veces pasamos frente a sitios maravillosos sin siquiera mirarlos. No nos detenemos, no los sentimos. Ni siquiera nos damos tiempo para mirarnos a nosotros mismos. Tomar la vida con calma es, en realidad, un superpoder.Recuerdo que
antes, cuando salíamos a recorrer, llevábamos mapas. Eso nos obligaba a
detenernos, a orientarnos, a pensar. Hoy todo lo resuelve el teléfono, y en esa
comodidad hemos ido perdiendo la capacidad de orientarnos en la naturaleza y
hasta de resolver las cosas más simples por nosotros mismos.
La rutina
acelerada, la avalancha de información de mala calidad y la obsesión con la
multitarea nos dejan exhaustos. Hacemos mucho, pero disfrutamos poco.
Quizás el verdadero desafío de este tiempo no sea producir más, sino aprender a pausar. Recuperar la capacidad de mirar, de sentir, de caminar con calma. Volver a lo esencial: a la vida que se saborea en presente.


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