Amigarme con la cámara y jugar como niño
Por George Hamilton Pérez
Hoy entendí algo: no tengo problemas con la cámara, tengo desafíos, aventuras y oportunidades para jugar. Durante mucho tiempo, la palabra problema me hizo ver la fotografía como una lucha; hoy prefiero mirarla como una invitación.
Una invitación a
volver a ser niño, a probar sin miedo, a jugar con la luz y el enfoque como
quien descubre el mundo por primera vez. Cada foto es un intento, un aprendizaje, una
conversación silenciosa con lo que tengo enfrente.
A veces la luz no
ayuda, otras el enfoque se escapa, pero en ese vaivén voy descubriendo algo más
grande: que hacer fotos es un proceso, y que para avanzar hay que tener
paciencia, perseverancia y un poco de ternura con uno mismo.
Hoy me estoy
amigando con la cámara. Ya no la empujo ni la exijo: la escucho, la entiendo y
la acompaño. Y cuando eso pasa… la fotografía se convierte en un juego lleno de
alma.

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