Caminar para escuchar: notas de una experiencia transformadora

Por George Hamilton Perez 

Salimos un viernes por la tarde y regresamos el domingo al anochecer. En términos de calendario fue un viaje breve; en términos de experiencia, fue profundo y transformador. El objetivo era claro: realizar entrevistas para el Documental del Vía Crucis Formoseño. Pero muy pronto entendí que no se trataba solo de registrar testimonios, sino de hacer el camino, de disponernos a escuchar y dejarnos tocar por lo que iba a surgir.


Cada encuentro fue un regalo. Personas que no nos conocían nos abrieron sus puertas y, sobre todo, sus corazones. Compartieron historias, silencios, emociones y vivencias que no tienen precio. Testimonios que valen más que el oro, no por su espectacularidad, sino por su verdad. En cada palabra aparecía la fuerza de una fe encarnada, de una experiencia vivida, de un Vía Crucis que sigue latiendo en las comunidades.


Este viaje también me dejó un aprendizaje muy concreto: las ideas necesitan plazos y acción para volverse realidad. Soñar es necesario, pero caminar es imprescindible. Poner una fecha, salir, grabar, escuchar, equivocarse y volver a intentar es lo que transforma un deseo en un proyecto vivo. Esa fue una de las grandes lecciones de estos días.


En lo personal, fue una experiencia de crecimiento. No solo por lo que escuché, sino por cómo me sentí: acompañado, sostenido, en sintonía. Compartir este camino con Mauricio y Karina fue otro gran regalo. El equipo se volvió comunidad, y casi sin darnos cuenta, el enero del extremo oeste formoseño se hizo más llevadero. El tereré y el mate fueron compañeros constantes, como también esos fiambres de Ibarreta degustados en el auto, apurando el tiempo para aprovechar cada minuto.


Fue poco tiempo para una tarea tan importante, pero la consigna fue clara desde el inicio: dejarnos sorprender. No controlar todo, no forzar los relatos, permitir que la experiencia nos guíe. Y así fue. Volvimos cansados, sí, pero con el corazón lleno y la certeza de que este documental no es solo un registro audiovisual, sino parte de un camino mayor, uno que sigue abierto y en construcción.

Este viaje confirmó algo que ya intuía: cuando el sentido es profundo, el esfuerzo se vuelve liviano. Y cuando el camino se recorre con otros, incluso el calor, el cansancio y la falta de tiempo encuentran su lugar dentro de una experiencia que deja huella.

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