Acepta la incomodidad (cuando crecer te deja solo)

Por George Hamilton Perez


Hace dos años, cuando empecé a hablar de fotografía contemplativa, muchos pensaron que estaba loco.

¿Fototerapia? ¿Cómo se va a enseñar a mirar si la gente ya ve?

No se trataba de una crítica agresiva, sino de un malentendido constante. Y a veces eso pesa más.

En ese proceso, tuve que tomar decisiones que no fueron fáciles: desprenderme de espacios que había creado, abandonar organizaciones que yo misma había fundado y también distanciarme de personas que habían formado parte de mi vida diaria durante mucho tiempo.

La incomodidad no era una idea. Era algo real.

Fue entonces cuando comprendí, seriamente, que no hay transformación sin pérdida.

Porque crecer no es solo añadir cosas nuevas. Muchas veces es alentador dejar atrás aquello que ya no te contiene, aunque haya sido importante, aunque haya sido tuyo, aunque haya sido tu hogar.

Al principio hay un vacío extraño. Una soledad difícil de explicar. Las reglas cambian y ya no eres quien eras, pero aún no has terminado de ser quien estás llamado a ser.

Y eso es molesto.

También comprendí que el crecimiento personal puede incomodar a los demás. Personas cercanas, incluso seres queridos. Y no pasa nada. No es un error en el proceso, sino parte de él.

Con el tiempo, algo se ordena.

Hoy, de aquel grupo inicial de fotógrafos contemplativos, solo queda una persona. Y lejos de verlo como una pérdida, lo entiendo de otra manera: cada persona que murió era una semilla.

Semillas que hoy están germinando en otros espacios, de otras maneras, de otras maneras.

No intento retener a nadie. No necesito que estén conmigo.

Necesito que estén donde quieren estar.

Mi comunidad es diferente. No se trata de una pertenencia forzada, sino de afinidad. Y eso implica aceptar que cada uno brilla donde le corresponde brillar.

Aunque no esté a mi lado.


Mantener ese aspecto también forma parte de aceptar la incomodidad.

Porque hay momentos en que algo interno comienza a moverse. Como si la energía se hubiera retirado de lo familiar y hubiera comenzado a reorganizarse en otro lugar.

Es difícil de explicar, pero se siente claramente.

Aparece una voz interior que comienza a decir verdades que has sabido durante años, pero que no te atrevías a escuchar.

Aparece una especie de oscuridad. Pero no has caído. Es una preparación.

Es el momento en que lo viejo ya no existe, pero lo nuevo aún no tiene forma.

El cuerpo lo siente: fatiga y lucidez al mismo tiempo. Como si algo se estuviera gestando.

Y ahí tienes que aguantar.

Porque ahí reside la clave: transformación o colapso. Acción consciente o la crisis que te arrastra.

La crisis distrae. El proceso, en cambio, requiere de tu presencia.

Hoy, mirando hacia atrás, comprendo que todo lo que parecía desorden era, en realidad, una profunda reorganización.

Estoy empezando a dar forma a algo que en aquel momento apenas intuía: una manera de habitar el mundo en tres etapas, y también una escuela de fotografía contemplativa en tres etapas.


Nada de eso habría sido posible sin haber pasado por esa incomodidad.

Sin guardar silencio.

No hay progreso sin aplausos.

No fue fácil.

Pero valió la pena.

Y sigue siendo válido.

Comentarios

  1. Desde una mirada reflexiva acompaño tu "proyecto de vida". Encuentro muchas coincidencias en las formas. Lo mío es la música y el canto, aunque la forma de encarar y de sentir lo que uno hace con amor se siente parecido, aunque no tenga las herramientas suficientes para expresar con tanta claridad, lo entiendo, lo comparto y acompaño tu propósito tan real sobretodo, auténtico. Lo que te hace un hombre de valor. Mi admiración.

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Profe, es un proceso de aprendizaje continuo y aprender para luego desaprender. Es raro pero hay que cambiar constantemente. Abrazo fuerte y admiración por tu camino también.

      Borrar

Publicar un comentario

Entradas populares