La entrevista que no estaba prevista

 

A veces lo más verdadero no se agenda.

El entrevistado no llegó.
Y en esos diez minutos improvisados, Mauricio me miró y me dijo sin decirlo: es ahora. Me acomodé. Respiré. Y decidí hablar a mi tiempo, a mi manera y con la única condición que me importa: honestidad.


La conversación me llevó a mi noche oscura. A las críticas. A los piedrazos. A esos momentos donde uno duda si vale la pena seguir ocupando el propio lugar. Y mientras recordaba ese camino, apareció algo inesperado.

Busqué en mi billetera la Oración del Abandono que me acompañó en pandemia. Creía que estaba intacta. Pero no. Ya no era la misma. Sin darme cuenta, la había adaptado. La había hecho propia. La leí en voz alta. Y se la regalé a Mauricio.

Ahí entendí algo.

No se trata de repetir palabras que nos sostuvieron en un momento difícil. Se trata de atravesarlas hasta que se vuelvan carne. Hasta que dejen de ser una muleta y se transformen en dirección.

Esa noche oscura no me rompió. Me estructuró.
Con las piedras que llegaron construí base.
No devolví golpes. Elegí coherencia.

“Primero Yo” no nació como consigna. Nació como necesidad.
No puedo comunicar si no sé quién soy.
No puedo amar si no me amo.
No puedo acompañar si no me he atravesado.

La entrevista no estaba prevista. Pero fue un regalo.
Porque no me llevó al pasado: me ordenó el futuro.

Y si la salud acompaña, ese camino recién empieza.

Comentarios

Entradas populares