Decir menos, tocar más

Por George Hamilton Pérez

Hay mensajes que están bien escritos… y sin embargo no llegan. Y hay otros, mucho más simples, que logran tocar algo profundo. La diferencia no está en las palabras. Está en lo que hay detrás.


Comunicar no es ordenar ideas. Es dejar que algo verdadero aparezca. Porque cuando lo que decimos no está en sintonía con lo que somos, el otro no escucha el mensaje…percibe la distancia.

En cambio, cuando hay verdad, no hace falta explicar tanto. Algo se acomoda solo. Por eso, tal vez comunicar no tenga tanto que ver con hablar mejor, sino con estar más presentes. Más atentos. Más honestos. Más disponibles. No para decir más… sino para decir lo necesario. También cambia cuando entendemos que no le hablamos a todos.

Siempre hay alguien del otro lado. Alguien concreto. Alguien que necesita escuchar algo…y quizás todavía no sabe qué. Cuando eso se vuelve claro, el mensaje deja de ser general y empieza a tener dirección. Y ahí, muchas veces, aparece el encuentro.

Tal vez ese sea el verdadero lugar del comunicador: no llenar el espacio con palabras, sino abrirlo. Para que algo del otro también pueda aparecer. 

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